ENDA, un viaje hacia el pasado, hacia una época oscura en la que hombres y mujeres creían en gigantes y dragones; una época dura y real durante la cual las tribus que la poblaban se hubieron de enfrentar a invasores llegados de otras tierras.
Entre sus personajes sobresale la joven Endara, quien emprende un largo trayecto desde un valle perdido hasta la Montaña Sagrada, morada de la Diosa Madre Amari. Mientras, Ihabar lucha por ser reconocido como un gran guerrero, el escéptico Garr intenta olvidar la destrucción de su ciudad y la muerte de sus habitantes, el gentil Ozen espera el momento para vengar a sus padres y el dux Baladaste hace planes para adueñarse de Tierra de Enda.
Estos y otros configuran un mosaico sorprendente de personajes, tan creíbles ayer como hoy, que se debaten entre la lealtad y la traición, la libertad, la justicia y la servidumbre, de la pluma de la reconocida escritora Toti Martínez de Lezea que, una vez más, sorprende a sus lectores con un registro diferente, innovador y, sin lugar a dudas, muy atractivo.
Conseguí este libro ganando el concurso de relatos del blog de Malvael. Nada más dármelo ya me advirtió de que no me iba a gustar, así que yo no tenía las expectativas por las nubes, precisamente. Menos mal.
No es un libro que prometiera mucho al empezar y luego me decepcionara. Ya desde el principio vemos lo que nos vamos a encontrar. Solo en el primer capítulo (de veinte páginas de duración) ya tenemos una madre muerta (pariendo), un intento de violación y una masacre en la que violan a todas y cada una de las mujeres de la aldea de la protagonista (a los hombres no, claro, cómo osas preguntar). Como digo, prometer promete poco.
Voy a empezar por lo bueno, o, más exactamente, con lo menos terrible. El estilo de escritura no está mal. Le da un aire legendario que bueno, vale, bien. Eso sí, hay muchas frases que parecen fuera de lugar y expresiones que intentan ser poéticas pero acaban siendo estúpidas.
¿Ojos del color de la sangre de un árbol herido? ¿Pero esta señora sabe que los árboles no sangran? ¿Entonces los ojos son rojos? Más adelante indica que se refiere a la savia, ya que al volver a hablar de esos ojos indica que son color ámbar, pero esta expresión... Intenta ser poética y humanizar a los árboles de alguna manera (?) pero no queda nada bien.
[...] porque cuando levantaba la vista se topaba con unos ojos del color de la sangre de un árbol herido fijos en él.
¿Ojos del color de la sangre de un árbol herido? ¿Pero esta señora sabe que los árboles no sangran? ¿Entonces los ojos son rojos? Más adelante indica que se refiere a la savia, ya que al volver a hablar de esos ojos indica que son color ámbar, pero esta expresión... Intenta ser poética y humanizar a los árboles de alguna manera (?) pero no queda nada bien.
Lo que sí puedo decir es que el libro entretiene un rato. Menudas risas que me he pegado con él. Aunque fuera reírse por no llorar porque menuda joya es esta.
Este libro es malo. Muy malo. Malo con avaricia.
Los personajes no tienen lógica ninguna más allá del típico "los buenos son muy buenos y los malos muy malos". Los personajes malvados están particularmente mal escritos, pues no pasan de malosTM aunque eso haga que sus acciones no tengan lógica ninguno. Tenemos ejemplos en el Dux Baladaste, que mata a sus propios hombres de las formas más cruentas y delante de testigos, supongo que para mostrar como es malo malísimo (aunque al menos lo hace para castigarles, por tonterías, pero para castigarles); y en Unmarilum Elanoa, que los mata sin motivo, simplemente para demostrar su fuerza. Parece que los soldados nacen por generación espontánea. Igual que la lealtad. Que está bien que nazca del miedo, pero dentro de unos límites.
[Baladaste] reunió a los miembros de su guardia personal e hizo ejecutar a los dos desgraciados que habían tenido la desgracia de dejarse sorprender por el intruso. Después, mandó que sus cuerpos y los de los que habían sido encontrados muertos fueran atados a sendos postes en una loma solitaria fácilmente visible desde todos los campamentos como aviso a quienes en el futuro se dejaran sorprender por el enemigo.
Creo que los soldados de por sí no se van a dejar sorprender así como así por esto de que el enemigo les matará primero. No sé, digo yo.
[Elanoa] Había visto cómo se transformaba a cada jornada que pasaba, cómo la piel de su cuerpo parecía ir a romperse por la pujanza de sus músculos, tal era su potencia. Jamás había tenido semejante fuerza y lo había comprobado obligando a doce de sus hombres a luchar juntos contra él; los había matado sin sufrir el más mínimo rasguño.
¿No sería más productivo que hiciera eso con sus enemigos? ¿O con los hombres que le han desobedecido? ¿En serio le quedan hombres leales tras eso?
Además, la forma en la que terminan los villanos es ridícula. Uno se mata solo, sin ayuda de nadie (uno de mis tropos favoritos) y el otro muere en un duelo de honor contra uno de los protagonistas por algo que hizo antes de empezar la historia. Todas sus acciones durante esta o les cavan su propia tumba o no sirven para nada.
Pero los buenos tampoco son nada del otro mundo, tampoco nos vayamos a pensar. La protagonista, Endara es la típica elegida que tiene poderes cósmicos semidivinos y un espacio chiquitín para vivir (como que es la representante de la Diosa entre los hombres) pero que a la vez es débil y frágil. ¿Cómo va a haber una mujer increíblemente poderosa y que encima lo demuestre? Eso es demasiado, por favor.
Además, sus acciones al final no sirven para nada. Es la Elegida para salvar Enda, pero salvar, salva más bien poco.
Además, sus acciones al final no sirven para nada. Es la Elegida para salvar Enda, pero salvar, salva más bien poco.
El personaje que más cosas hace en la novela es Ihabar, un chaval miembro de una tribu a la que van a masacrar los malvados y terribles frei. Es de los que más pelean y el que está en el centro de todos los fregados. Es el que queda como protagonista al final, porque cómo vamos a hacer una historia con una protagonista poderosa si no hacemos que al final todo gire alrededor de un hombre.
A Endara le acompaña otro chico, Igari. Tenemos, así, dos chicos y una chica adolescentes, por el momento. ¿Qué hay que poner, entonces? Por supuesto, un triángulo amoroso. No termina de resolverse porque la chica es demasiado débil y el poder de la Diosa está acabando con ella, pero eso no impide que los otros dos compitan por ganarse sus favores, incluso cuando ella ya ha dicho que no está interesada en ninguno. Ah, l'amour.
El protagonista que queda es Garr, un guerrero descreído y que está ahí para dar discursos sobre la inexistencia de la Diosa y la magia a pesar de ser cosas que casi ha llegado a ver con sus propios ojos. Va acompañado de Igari, una mujer de la que hablaremos más adelante, pero a la que se presenta como fuerte porque lleva ropas de hombre y actúa como tal. Muy feminista, claro.
Todos estos son personajes arquetípicos, aburridos. No evolucionan nada a lo largo del libro. Muchas veces, incluso, se confunden (cosa en la que los nombres ayudan bastante poco). En la sinopsis anuncian personajes creíbles, humanos, y no he encontrado ninguno así.
Antes de pasar, quiero hacer una mención especial al padre de Ihabar, porque la doble moral que tiene es digna de mención. Este fragmento es del segundo capítulo, sin ir más lejos, y habla sobre su esposa, Erhe:
A pesar del tiempo transcurrido, de que hebras blancas asomaran entre su mata de cabello negro, la deseaba como cuando la llevó a su cabaña tras el combate que había enfrentado a los suyos con sus vecinos por un asunto de tierras de pasto. Zeian, jefe de los biarno de Leskar, no solo tuvo que ceder el uso de los pastos, también le entregó a su hermana para compensarlo por la muerte de dos de sus hombres. Nunca olvidaría su primer encuentro a solas en la cabaña: se enfrentó a él como una osa defendiendo su territorio, aunque, en lugar de con garras, lo hizo con un cuchillo y lo hirió en el cuello. La sangre que manó abundante transformó a la furia en la más tierna de las criaturas [...]. Después, se entregó a él. Jamás volvió a intentar forzarla; ella solo tenía que pasarle un dedo por la cicatriz para recordarle que no era una hembra sumisa.
Lo que tenemos aquí es un intento de violación de manual. Él intenta forzarla, ella se defiende. Pero, como, oh, es una mujer, cuando le hiere se para a cuidarle y luego, en... ¿compensación? se entrega a él. No solo eso, él está orgulloso de que su mujer se defendiera "como una osa", con lo que debería haberle quedado bastante claro que ella no quería nada con él. Pero, ¿qué dice este señor más adelante, y no sobre él?
- El poblado fue atacado, y casi todos sus habitantes asesinados, excepto Erhe y alguna mujer más; [...] Nunca habló de ello, pero los dos éramos uno, y no hizo falta que me contara nada para saber que había pasado por lo que ninguna mujer debería pasar jamás. Luego naciste tú.
Decir esto cuando fue él mismo el que se lanzó a violarla en cuanto estuvieron a solas es, cuanto menos, hipócrita.
Dicen que este libro está basado en la mitología vasca. En ese sentido se me ha quedado muy corto. Apenas aparecen las lamias y los gentiles, y las primeras muy de pasada. El resto de criaturas, que tiene que haber un montón, ni se mencionan. Pero, hey, tenemos dragones.
Dicen que este libro está basado en la mitología vasca. En ese sentido se me ha quedado muy corto. Apenas aparecen las lamias y los gentiles, y las primeras muy de pasada. El resto de criaturas, que tiene que haber un montón, ni se mencionan. Pero, hey, tenemos dragones.
El final de la historia es lo peor. Los personajes no hacen nada. Nada. Los malos se derrotan solos o la Diosa lo hace por ellos. Todo ha llevado a... nada. Mira que a esas alturas creía que ya no se podía poner peor, pero sí podía, sí.
Pasemos con lo peor, lo que me ha hecho rechinar los dientes, lo que me ha enfurecido de verdad.
Este libro es machista. Muy machista.
La cantidad de violaciones que hay es inmensa. Todas las mujeres que aparecen en algún momento han sido violadas, o han estado a punto de serlo. Las violaciones nunca se enfocan desde el lado de la víctima, siempre son desde el agresor o desde la nueva pareja (hombre, por supuesto) de la que las ha sufrido. A veces se habla de ello como crimen, pero es uno tan normalizado que llega un punto en el que parece que no significa nada, que los hombres pueden hacer lo que quieran con las mujeres y no hay ningún tipo de ley que las proteja. Ni siquiera sufren castigo divino, ya que este está solo reservado a los que niegan a la Diosa.
Picado por la curiosidad, Unmarilum se levantó del asiento y se aproximó a Endara. Calculó que no tendría más de veinte inviernos y que, con toda probabilidad, era todavía doncella. Estaba de suerte; desflorar a una virgen era un placer que raramente se le presentaba.
No hay palabras en lengua ent, élfica o de Mordor para describir la repugnancia que siento al leer estas cosas.
Uno de los mayores ejemplos es Igari, la segunda mujer protagonista. Años atrás unos hombres asesinaron a su marido y la violaron. ¿Tiene algún tipo de trauma? No. ¿Siente algún tipo de rencor? Solo por la muerte de su marido y la pérdida de su honor, que no por la violación en sí. ¿Se ve en algún momento lo que ella piensa, sus recuerdos sobre el asunto? No, para qué. Ya tenemos a su nuevo novio para que nos cuente lo que ella siente.
Esto es algo común a todas las violaciones de la novela. A nadie le importa por lo que pueda pasar la víctima, pero sí tenemos discursos de los violadores, que pueden llegar a ser tan repulsivos como este:
Era la viva imagen de la mujer que había violado casi veinte inviernos atrás, también amado, muy a su pesar, y a la que nunca había olvidado.
¿Amado y violado? ¿En serio? ¿Se puede ser más repugnante?
Hay otro personaje femenino del que quiero hablar y que hace que me hierva la sangre. Se trata de Tala, una hechicera que es secuestrada un buen día por el Dux Baladaste, que se deja violar por él por alguna razón pero que un buen día se marcha. El Dux se obsesiona con ella, y parece que la hechicera a veces se presenta para atormentarle por algún motivo. Es la femme fatale, la falsa mujer liberada que al final está para satisfacer los deseos de un hombre. Es un personaje cuyas aspiraciones no he entendido, y parece que solo existe para que el Dux la trate como un objeto.
Y es que es algo bastante común en este libro que las mujeres sean objetos. Son tratadas como botín de guerra, como mercancía... Pero muy rara vez como personas. Los comentarios sexistas por parte de cualquier hombre son lo normal. Es curioso, porque normalmente se menciona a las mujeres más deseables como si fueran animales, cosa que rara vez se hace con los hombres. Se las llama "hembra", "yegua", "osa"... como si fueran menos que humanas.
Cubierta con un manto de pieles, el cabello suelto sujeto con una cinta en la frente, las mejillas enrojecidas por el frío y el porte altivo, el bareto jamás había contemplado mujer tan hermosa, y deseable.
-¡Magnífico presente! ¡Aunque esta yegua tendrá que esperar a que yo pueda montarla! -exclamo con grosería.
-Es mía -terció el tarbelo con frialdad.
Cómo no va a ser como una yegua si tiene hasta propietario y todo
En el mundo de Enda la deidad principal a la que rezan es una Diosa. Eso nos haría pensar que estamos en una sociedad, si no hembrista, al menos que respeta a las mujeres. No soy una experta en religiones, precisamente, pero creo que una Diosa en un mundo tan machista como este así tiene más bien poco sentido. Pero no os preocupéis, tenemos a un dios masculino malvado mucho más poderoso. Por si acaso.
También parece que la autora tiene algo en contra de las madres. La madre de Endara muere al dar a luz. La de Igari está muerta. La de Ihabar muere de una forma estúpida cuando, encima, está embarazada. La de Garr también está muerta. Aparece una dragona con un huevo cuya única función es morirse. En total hay cinco madres muertas. Creo que no ha visto tantas en un solo libro. Además, tenemos un bonus, y es que estas madres muertas actúan muchas veces como mujer en la nevera y motivan las acciones de los héroes (hombres).
He doblado todas las páginas en las que había alguna machistada o alguna cita sin sentido. El libro ahora parece el doble de gordo. Nunca he escrito nada en los libros, pero este ha sido una excepción porque no podía aguantar más.
Conclusión: El horror
Lo mejor: Es entretenido, al menos. Destrozarlo tiene su punto de diversión.
Lo peor: Se puede ser más machista, pero es difícil
Nota:
Conclusión: El horror
Lo mejor: Es entretenido, al menos. Destrozarlo tiene su punto de diversión.
Lo peor: Se puede ser más machista, pero es difícil
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