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sábado, 17 de febrero de 2018

Reseña: La Torre Oscura, de Stephen King

Todo lo bueno se acaba, lector fiel, y ni siquiera Stephen King es capaz de narrar una historia que nunca termina. El autor teme que los lectores que han seguido todas las aventuras de Roland desde su principio puedan llegar a cansarse.

Sin embargo, ahora queda poco y lo último a veces es lo mejor. Los compañeros del ka-tet de Roland se encuentran separados en el espacio y en el tiempo y su primera meta es volver a juntarse. Susannah ha sobrevivido al parto del ser monstruoso. Jake, Acho y padre Callahan luchan contra sus enemigos en Nueva York. Roland y Eddie siguen en el año 1977 en Maine; allí buscan la puerta de regreso a donde están sus amigos.

Y así comienza nuestra historia, una nueva incursión de Stephen King en los mundos de la fantasía más desbordada. Si has llegado hasta aquí lector, sigue un poco más. No temas llegar al final del camino.


La Torre Oscura
1. El Pistolero
2. La lllegada de los tres
3. Las tierras baldías
4. Mago y cristal
5. Lobos del Calla
6. Canción de Susannah
7. La Torre Oscura

Por fin, después de tanto tiempo llego al desenlace de la Torre Oscura. Ha sido un camino largo, con partes que rebosan originalidad y otras rancias como ellas solas. Al fin ha terminado. 
Este último libro resume el espíritu de toda la saga. A veces genial, a veces terrible, demasiado largo pero, al final, satisfactorio. 

Algo que no me gusta nada de Stephen King son las continuas referencias sexuales que hace. Me incomodan muchísimo y normalmente no sirven para nada. ¿De qué nos sirve saber que Mordred tiene un pene desproporcionado al nacer, si luego no se vuelve a mencionar? ¿Por qué tenemos que ver cada vez que Eddie le toca el pecho a Susannah si no es relevante para el ka-tet? ¿Por qué hay que comparar el viaje con una noche de sexo? ¿Y el final con un orgasmo? Stephen, córtate un poco.

Hablando de Susannah y Eddie... Sí, su relación sigue siendo tan poco creíble como siempre. Pero no es algo solo suyo. No me creo mucho la relación del ka-tet. Los personajes son demasiado individuales, no parecen realmente preocuparse por otros, a excepción de Jake. Están juntos porque Ka así lo quiere, pero no veo verdadera amistad. Eddie tiene demasiados problemas y protege a Susannah porque eso es lo que le ha tocado, Susannah es una pistolera tremendamente buena que podría apañarse sola pero por historia tiene que estar con Eddie, Roland está demasiado obsesionado con la Torre Oscura que apenas se toma tiempo para lamentar los amigos que se pierden por el camino, ni de preocuparse lo más mínimo por los que llegan. Solo Jake muestra empatía por los demás, en especial por Oy, que es lo más mono del mundo de la Torre.

A veces parece que a Stephen se le olvida que Susannah no tiene piernas. De verdad, hay escenas en las que no sabemos muy bien cómo se desplaza. En un momento llega a ponerse de pie para mirarse a un espejo. ¿Cómo, Stephen? ¿Cómo?

Sí, en este último tomo tenía que morir gente. Se anuncia casi desde el principio, aunque los personajes no parecen creérselo mucho hasta que ocurre. Tampoco podemos culparles, yo tampoco.
La primera muerte tiene un tiempo de duelo muy largo. Muy largo. Demasiado. Sí, lloré como una magdalena por un personaje que no me importaba, pero luego no me dejó tiempo para llorar por aquellos que sí me gustaban.

Otro tema son los villanos que aparecen en esta entrega. ¿Recordáis al Hombre de Negro? Ese que se presentó en el primer tomo y que siempre ha sido una sombra revoloteando sobre la cabeza de Roland. Bueno, no os preocupéis por él, no es nada. ¿Mordred? Ese que iba a matar a su padre, como su homónimo de la leyenda artúrica y que temieron desde los Lobos del Calla. Bueno, tampoco es gran cosa, no perdáis la calma. Bueno, ¿y el Rey Carmesí? Ese ya si que tiene que ser amenazante de verdad, ¿no? ¿No era él el que estaba trabajando para tirar la Torre abajo? Nah, apenas un pequeño momento de tensión.
Si los villanos grandes son así de ridículos, porque lo son, mejor no hablo de los villanos menores que se encuentra por el camino. La amenaza que presentan es irrisoria. Solo son peligrosos porque a los personajes les da por hacer el idiota.

Algo que sí me ha gustado han sido los experimentos que hace Stephen aquí. Se introduce a sí mismo, como ya hizo en Canción de Susannah, pero esta vez no es un simple cameo. Esta vez es un personaje importante, con un cierto toque de damisela en apuros, también. Ya  no tiene miedo de meter referencias a otras obras ni a hacer conexiones extrañas con eventos de la vida real. Tampoco teme mover a los personajes por sus mundos como si estuvieran pegados. No le tiembla la mano a la hora de hacer locuras. Y la gran mayoría salen bien.
Es gracioso que se incluya para ponerse verde: se llama a sí mismo vago, escritor de segunda... Lo mejor que dice de él es que "bueno, se puede leer", lo que no es un gran cumplido teniendo en cuenta que se ha insertado a sí mismo en el libro. Me parece algo gracioso, sin más implicaciones.
Eso sí, como oiga commala otra vez mato a alguien. Qué pesado puede llegar a ser, de verdad.

Y el final, esa llegada a la Torre que tantos estábamos esperando. Al principio me enfadé porque eso parecía el clickbait más largo de la historia. Pero el final verdadero me dejó anonadada. Me pareció muy adecuado para Roland y de verdad me dejó una muy buena sensación. Yo me esperaba otra cosa, pero no decepciona.

Ahora, ¿vale la pena leerse la saga solo por el final? No. Demasiada paja, demasiadas machistadas, tenemos Mago y cristal, que es un punto negativo en sí mismo (apartando la parte de Blaine, que considero casi parte del tercero). Hay momentos muy buenos, pero casi se pierden entre la paja. Si alguien quiere leer la saga, lo dejo a su discrección.

Conclusión: Buen desenlace para una saga demasiado larga

Lo mejor: Llegar al final al fin es satisfactorio cuanto menos.
Lo peor: Pones malos un poco menos amenazantes y los haces de gominola. Y aún así serían probablemente mejores.

Nota: