Bilbo Bolsón es como cualquier hobbit: no mide más de metro y medio, vive pacíficamente en la Comarca, y su máxima aspiración es disfrutar de los placeres sencillos de la vida (comer bien, pasear y charlar con los amigos). Y es que todos ellos son tan vagos como bonachones, por naturaleza, y porque quieren. Pero una soleada mañana, Bilbo recibe la inesperada visita de Gandalf, el mago de larga barba gris y alto sombrero, que cambiará su vida para siempre. Con Gandalf y una pandilla de trece enanos, y con la ayuda de un mapa misterioso, nuestro héroe partirá hacia la Montaña Solitaria a fin de rescatar el valioso tesoro custodiado por Smaug el Dorado, un terrible y enorme dragón. Para eso tendrán que superar muchísimos peligros y toda clase de aventuras que Bilbo jamás hubiera podido ni imaginar y que lo convertirán en el hobbit más famoso del mundo. Lo que Bilbo no sabe es que el anillo que encontró en el camino será el principio de otra gran aventura...
Después de los vídeos sobre la banda sonora del Señor de los Anillos del grandioso Jaime Altozano descubrí que necesitaba a Tolkien de nuevo en mi vida. A principios de julio hice un maratón de las versiones extendidas de las películas con mi novio y después decidí que iba a leerme de un tiró El Silmarillion, El hobbit y El Señor de los Anillos. Así, sin descansar. Ya he hablado del primero, hablemos del Hobbit.
Leer esto después del Silmarillion supone todo un contraste. Se nota el cambio en el público al que va dirigido (aunque no sé si el Silmarillion se dirigía a un público concreto). El tono es mucho más infantil, y los personajes, más adorables. Es curioso ver a los elfos de Rivendell tan despreocupados y cantando tonterías y a Bilbo haciéndose amigo de todos, incluso de aquellos que lo capturaron en un principio. También es curiosa la única referencia a Valinor que aparece, en la que Tolkien se refiere a este lugar como "Faerie". Que no tenía referencias celtas, no, ni nada.
El personaje de Bilbo me encanta, y no exagero si digo que es lo mejor del libro. Bilbo no es un héroe, nunca quiere serlo. Es alguien normal que se ve obligado a ir a una aventura bastante molesta. No es un personaje fuerte. Se pasa el libro llorando porque quiere volver a su agujero-hobbit, y muchas de sus grandes hazañas en esta aventura las realiza con más suerte que pericia (aunque no le falta de esto último). Tampoco es alguien que quiera luchar y enfrentarse a grandes monstruos, y es él el que siempre busca una forma de escapar (en el caso de que sean arañas, trasgos o similares) o una solución pacífica (en el caso de tratar con elfos y hombres). Me encanta que no sea el típico héroe que se vuelve fuerte y poderoso tras la primera escaramuza y que su evolución consista en descubrir cosas sobre sí mismo que no sabía. Y que le acepten como igual dentro del grupo de enanos.
Los otros trece protagonistas, los enanos, se quedan desdibujados. Sí, conocemos a Thorin, conocemos a sus amigos, los hermanos Balin y Dwalin, a Bombur, el gordo, y más o menos a Fili y Kili, porque son los jóvenes. El resto, Ori, Nori, Dori, Gloin, Bifur, Bofur y Oin (cuyos nombres he tenido que buscar, pues no me acordaba) son olvidables y no tienen una personalidad definida. Sirven para rellenar espacio y poco más.
Aunque queda justificado porque las escenas en las que tienen que entrar los trece en alguna casa son muy graciosas. Son pocas pero son geniales.
El resto de personajes son muy monos, y parecen anticipar los que encontraremos en El Señor de los Anillos. Están los obvios, Gandalf, Elrond y Gollum, que aparecerán después. El último incluso me llegó a dar pena cuando perdió su "regalo de cumpleaños", aunque hay partes más tarde en las que no dará pena ninguna.
Pero hay otros que anticipan la siguiente trilogía de forma mucho menos obvia. El rey de los elfos en el Bosque Negro es el padre de Legolas. Bardo parece un Aragorn más temprano.
Smaug no tiene comparación. Smaug es único y terrible. Y dura demasiado poco.
El resto de personajes son muy monos, y parecen anticipar los que encontraremos en El Señor de los Anillos. Están los obvios, Gandalf, Elrond y Gollum, que aparecerán después. El último incluso me llegó a dar pena cuando perdió su "regalo de cumpleaños", aunque hay partes más tarde en las que no dará pena ninguna.
Pero hay otros que anticipan la siguiente trilogía de forma mucho menos obvia. El rey de los elfos en el Bosque Negro es el padre de Legolas. Bardo parece un Aragorn más temprano.
Smaug no tiene comparación. Smaug es único y terrible. Y dura demasiado poco.
La historia es adorable. Las situaciones complicadas se resuelven a base de ingenio y cuando la violencia es necesaria se suele ver como la opción más cobarde. Me encanta cómo Bilbo se hace amigo de todos, incluso de los que le mantuvieron preso durante semanas. Me gusta como mensaje, y más siendo una obra para niños en la que todos los personajes son hombres. También me encanta el mensaje sobre la avaricia de Thorin, que acaba casi convertido en Smaug.
Porque no hay personajes femeninos. Ni uno solo. Sí, hay mucha gente que lo ha señalado antes que yo, pero hay que decirlo igual. No hay mención alguna a personajes femeninos con nombre. Ni Arwen, ni la esposa del rey elfo, ni alguna mujer de la Ciudad del Lago. Nada. Solo se menciona a Belladona Took, la madre de Bilbo. Y ya.
No sé, no costaba nada poner una enana entre los trece.
Conclusión: Un libro muy mono para descansar del Silmarillion y adentrarse en el Señor de los Anillos.
Lo mejor: Bilbo es genial.
Lo peor: A igual los enanos eran demasiados.
Nota:
Porque no hay personajes femeninos. Ni uno solo. Sí, hay mucha gente que lo ha señalado antes que yo, pero hay que decirlo igual. No hay mención alguna a personajes femeninos con nombre. Ni Arwen, ni la esposa del rey elfo, ni alguna mujer de la Ciudad del Lago. Nada. Solo se menciona a Belladona Took, la madre de Bilbo. Y ya.
No sé, no costaba nada poner una enana entre los trece.
Conclusión: Un libro muy mono para descansar del Silmarillion y adentrarse en el Señor de los Anillos.
Lo mejor: Bilbo es genial.
Lo peor: A igual los enanos eran demasiados.
Nota:












